Esquivar nuestra existencia vital y vivir para siempre. La eterna juventud buscada en mil y un tratados de alquimia que nadie halló durante milenios por tierras inhóspitas, parece encontrarse mucho más cerca de lo que jamás nadie imaginó hasta hace pocas décadas: en el interior de nuestras células. Y más concretamente, en los cromosomas.
En esas estructuras compuestas por proteínas combinadas con una sola molécula ADN se encuentran las instrucciones específicas que hacen único a cada tipo de ser vivo. Al final de cada estructura se encuentran los telómeros o secuencias repetitivas de ADN no codificante que lo protegen de cualquier daño al cromosoma.
Y aquí comienza el problema. Cada vez que una célula se divide, los telómeros (nombre de origen griego cuyo significado literal es ‘parte final’) se acortan. Con el tiempo, los telómeros se vuelven tan cortos que la célula ya no puede dividirse (salvo en las células cancerosas, pero ese es otro tema), con la consecuencia directa de que el reloj celular avanza hacia su fin vital.
Descubrimiento de la telomerasa
En 1984, Elizabeth Blackburn, bioquímica australiana, descubrió junto a también bioquímica estadounidense Carol Greider, la telomerasa, una enzima que forma los telómeros durante la duplicación del ADN. Blackburn, junto a Greider y Jack Szostak, biólogo molecular inglés, recibieron el premio Nobel de Medicina por su trabajo sobre el envejecimiento de las células y su relación con el cáncer.
Cuanto menor sea la segregación de telomerasa, más cortos serán los telómeros, hasta llegar un momento en que la división celular es imposible y las células terminan muriendo. Por lo tanto, los telómeros están relacionados con el envejecimiento celular. Pero si la enzima telomerasa ayuda a evitar que los telómeros se acorten con la división celular, y contribuyen a mantener la juventud biológica de las células, se pueden dar los primeros pasos para llegar a pensar en una juventud si no eterna, sí prolongada.
Así como las células madre juveniles usan la telomerasa para compensar la pérdida de longitud de los telómeros, que actúan como un amortiguador que protege las regiones internas del cromosoma que contiene los genes, con el paso del tiempo se desgastan un poco en cada ronda de replicación del ADN. El acortamiento de los telómeros se ha relacionado con el envejecimiento celular y la pérdida progresiva de los telómeros podría explicar por qué las células solo pueden dividirse un cierto número de veces.
Los telómeros prolongan su vida
Hasta 1995, la teoría de que la pérdida de ADN telomérico se asociaba con la capacidad replicativa finita de las células, pero tenía un punto por confirmar: si el cese de la acción del telómero era la causa o el resultado del envejecimiento. El 15 de marzo de 1996, los doctores norteamericanos Woodring Wright y Jerry Shay publicaron que habían logrado manipular la extensión de los telómeros de ciertas células para prolongar su vida. Lo que hicieron fue introducir en el núcleo de células obtenidas del tejido ocular, un gen codificador de la telomerasa. Esta enzima está presente en el organismo durante el periodo de gestación. El resultado fue que se evitó el estado de senescencia de las células manipuladas, que continuaron dividiéndose por casi 60 generaciones más. ¿Hallaron a manera de prolongar la caducidad del reloj biológico celular varias décadas? ¿Era el primer paso hacia la juventud eterna?
La inmortalidad del embrión
María Blasco, doctora en Biología Molecular, Bioquímica, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y responsable en esa misma entidad del Grupo de Telómeros y Telomerasa, afirmó en una entrevista que existe una enzima inmortal en los seres humanos, “aunque serestringe a los estadios iniciales del desarrollo embrionario”.
La doctora Blasco declaró además que “la telomerasa es una proteína capaz de mantener siempre jóvenes unas estructuras muy importantes de nuestros cromosomas, los telómeros, así que somos inmortales durante unos instantes. Después las células se especializan en distintos órganos y se pierde esta inmortalidad”.
¿Será una pérdida temporal? El futuro (cercano) tiene la respuesta.