En las últimas semanas Helix BioS ha recalado en la Fundación Parque Científico de Madrid (FPCM), un espacio único en el que decenas de empresas innovadoras han pulido sus estrategias de negocio y han podido crecer al calor de un entorno en el que la I+D+i es algo más que un concepto. Es una razón de ser y, en este caso, de vivir y trabajar en comunidad.
Ahora contamos con una localización envidiable, en el entorno académico de la Universidad Autónoma de Madrid, junto a importantes centros de investigación: el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM-CSIC), el Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC), el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y un largo etcétera. Un ambiente, casi siempre cooperativo, con valor añadido que potencia aún más, si cabe, ese espíritu innovador.
¿Pero cuál fue el germen de la FPCM? Surgió hace 15 años, fruto del trabajo conjunto entre la Universidad Complutense y la Universidad Autónoma de Madrid. El objetivo a lograr era que entre sus paredes se desarrollasen los conceptos y conocimientos generados en ambos centros académicos para darles una salida práctica, proyectada al conjunto de la sociedad.
Gracias a ello, hoy son más de 400 proyectos innovadores los que han podido beneficiarse del programa de acompañamiento y asesoramiento empresarial especializado de la FPCM. De las jornadas formativas, de networking y de captación de financiación que se organizan a lo largo del año. De los más de 8.000 metros cuadrados de instalaciones compartidas destinadas al apoyo de la I+D+i, a los que se añaden otras infraestructuras de entidades colaboradoras. Y, sobre todo, de las sinergias que se generan y los conocimientos que se comparten entre las empresas que allí conviven.
REQUISITOS
Para formar parte de la comunidad de la FPCM, la empresa candidata debe superar un riguroso proceso de admisión, en el que es vital tener bien perfilado un plan de negocio viable e innovador. En él deben destacar ciertos aspectos: que la compañía sea de base científica o tecnológica; que esté legalmente constituida o en proceso; y que cuente con equipo de trabajo cualificado.

Una vez presentado a los responsables del parque, se concertará una entrevista personal con un equipo de expertos de las oficinas de apoyo al emprendimiento, no sólo del centro sino también de las universidades que engrosan su patronato.
Si se pasan los filtros pertinentes, hay que decidir el espacio que se necesita ocupar. En estos momentos hay unas cien compañías asociadas al parque, y la mayoría trabajan en una oficina o un laboratorio propio. Sin embargo, hay miembros que prefieren optar por un espacio de coworking, o contar con una incubación virtual que les permite disfrutar de todos los servicios de asesoramiento a un coste más bajo.
En cualquier caso, en menos de un mes la sociedad podrá empezar a disfrutar de los servicios que la FPCM le ofrece. Además de los ya mencionados, las empresas que empiecen a operar desde allí estarán provistos de luz, agua, red de telecomunicaciones, equipamiento audiovisual, servicios de limpieza, mantenimiento y gestión de residuos, y de recepción las 24 horas del día, 365 días al año. Por otra parte, el parque cuenta con salas de reuniones, trasteros y cuartos técnicos a disposición de los miembros de su comunidad.
De esta manera, las empresas que allí nos alojamos nos evitamos un tiempo precioso en realizar ciertos trámites que son indispensables pero que no aportan valor a nuestra actividad, pudiendo centrar toda nuestra atención en hacer despuntar EL PROYECTO. Un proyecto que, muy probablemente, será puntero y que dará una mayor riqueza (en todos los sentidos de la palabra) al conjunto de empresas que cohabitan en nuestro país.